Llega el recibo y trae mil pesos más que el anterior. Nadie compró nada, nadie
se mudó a la casa, el clima fue el mismo. Y sin embargo ahí está.
Casi siempre es una de cuatro cosas. Todas se pueden verificar en el propio
recibo, sin llamarle a nadie.
1. Cruzaste de escalón
La CFE no te cobra todos los kilowatts al mismo precio. Los primeros son
baratos, los siguientes cuestan más, y a partir de cierto punto entra el
excedente, que se cobra a varias veces el precio del primer escalón.
Esto tiene una consecuencia que descoloca a mucha gente: consumir 10 % más
puede subirte el recibo mucho más de 10 %, porque ese consumo extra se cobra
todo al precio más caro. No es un error de la CFE ni un cobro injusto: es cómo
está armada la tarifa.
Revísalo en tu recibo: viene el desglose por escalón, con cuántos kWh se te
cobraron en cada uno.
2. Te reclasificaron a tarifa DAC
Es el salto más brutal, porque la DAC no tiene subsidio del gobierno. No es
un escalón más caro: es salirse de la escalera.
Se entra cuando el promedio de tu consumo mensual en los últimos 12 meses
facturados rebasa el límite de tu localidad — y ese límite cambia según la
tarifa de tu zona: en las zonas templadas es mucho más bajo que en las
calurosas, así que ahí se cae con menos consumo del que imaginas. Se sale
igual que se entró: bajando el promedio por debajo del límite y sosteniéndolo,
cosa que un sistema solar hace de un solo golpe.
Míralo en tu recibo: si en el recuadro de tarifa dice DAC, ya estás
adentro.
3. Te leyeron estimado y luego te ajustaron
Cuando el lecturista no puede leer tu medidor, la CFE factura un consumo
estimado. Si estimó de menos, el bimestre siguiente —cuando por fin lee el
medidor— llega el ajuste completo de golpe.
Se detecta fácil: busca en el recibo si la lectura dice estimada. Si el
recibo barato de antes decía estimada y el caro dice real, no te subió el
consumo. Te llegó junta la cuenta de dos bimestres.
4. Algo está consumiendo sin que lo notes
Los sospechosos de siempre, en orden de cuánto pesan: un calentador
eléctrico de agua, un refrigerador viejo o mal cerrado, una bomba de agua que
trabaja de más porque hay una fuga, y aparatos que se quedan encendidos todo el
día sin que nadie los use.
Una forma sencilla de cazarlo: apaga todo lo que puedas una noche y compara la
lectura del medidor al acostarte y al levantarte. Si avanzó bastante con todo
apagado, hay algo prendido que no ubicaste.
Cómo saber cuál de las cuatro te tocó
Tu recibo trae todo lo necesario: la tarifa, el desglose por escalón, si la
lectura fue real o estimada, y el historial de consumo de los últimos periodos.
Si prefieres no ponerte a descifrarlo, súbelo aquí: leemos tu consumo real,
te decimos en qué tarifa estás y qué tan cerca andas del límite — y de paso,
qué sistema te correspondería y cuánto bajaría tu recibo.